Opinión
Debate clave sobre seguridad

Proponen una Guardia Rural para enfrentar el colapso territorial y la crisis de la “paz total”

Un análisis crítico apunta al naufragio de la estrategia del Gobierno y plantea crear una nueva fuerza con presencia permanente en zonas vulnerables.
La discusión sobre la seguridad rural volvió a encenderse en Colombia en un contexto donde la llamada “paz total” ya se percibe como un proyecto naufragado.
Frente a este panorama, surge una propuesta estructural: crear una Guardia Rural, una tercera fuerza nacida del desdoblamiento del Ejército y una parte de la Policía más militarizada.
En un país donde la violencia sigue mutando y avanzando, la propuesta de una Guardia Rural entra de lleno en el debate nacional.

La discusión sobre la seguridad rural volvió a encenderse en Colombia en un contexto donde la llamada “paz total” ya se percibe como un proyecto naufragado. A nueve años del Acuerdo del Colón —firmado para cerrar el conflicto con las Farc— persisten los interrogantes sobre por qué la violencia sigue avanzando en vastas regiones del país. Y una de las respuestas que toma fuerza es la falta histórica de control territorial del Estado en las zonas rurales más golpeadas por el crimen organizado.

El planteo es contundente: el Gobierno intentó reemplazar presencia institucional por mesas de negociación, pese a que el problema de fondo es la expansión de estructuras criminales que imponen su propia gobernanza, reclutan menores y deterioran la seguridad de las comunidades. La ausencia de una inteligencia efectiva —producto de la falta de control en el terreno— ha derivado incluso en muertes de niños durante operaciones militares, tragedias que pudieron evitarse con un Estado más presente.

A este escenario se suma la crisis interna del Ejército, hoy desorientado ante la redefinición de amenazas, con tropas móviles que no pueden permanecer cerca de los cascos urbanos y con una Policía insuficiente para cubrir el vasto territorio. El resultado es un país donde los grupos armados avanzan y la ciudadanía sigue desprotegida.

Frente a este panorama, surge una propuesta estructural: crear una Guardia Rural, una tercera fuerza nacida del desdoblamiento del Ejército y una parte de la Policía más militarizada. Su función sería exclusiva: garantizar seguridad permanente en las zonas apartadas, interactuar con las comunidades y ejercer autoridad bajo ley y orden. A diferencia del Ejército —que actúa por “exceso” con operativos puntuales— y de la Policía —que llega por “defecto” y sin recursos suficientes—, una Guardia Rural tendría presencia estable y capacidad preventiva real.

El modelo, aseguran los impulsores, permitiría reorganizar al Ejército como fuerza estrictamente militar, aumentar su capacidad frente a amenazas verdaderas y fortalecer la seguridad ciudadana al concentrar a la Policía en centros urbanos. Además, remarcan que esta reforma sería viable sin presupuestos extraordinarios, ya que aprovecharía personal, logística y cuarteles existentes.

En un país donde la violencia sigue mutando y avanzando, la propuesta de una Guardia Rural entra de lleno en el debate nacional. Para sus defensores, se trata de la pieza institucional que ha faltado por décadas para recuperar el territorio y proteger a las comunidades que hoy viven bajo el dominio del crimen. Para un Gobierno que insiste en diálogos que no frenan la expansión de los grupos armados, es un llamado urgente a replantear la estrategia.

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