De megáfono y agravios a regalos y sonrisas: la puesta en escena de Petro en el Salón Oval
La reunión entre Donald Trump y Gustavo Petro ya fue contada como noticia. Lo que no se vio —o pasó desapercibido entre las declaraciones formales— fue la minuciosa escenografía política que montó la delegación colombiana para intentar revertir meses de choque frontal con Washington.
Durante dos horas en el Salón Oval, más que un intercambio diplomático, hubo una operación simbólica cuidadosamente diseñada: carpetas con portadas en inglés, fotografías ampliadas de cultivos de hoja de coca, frases impresas a gran tamaño, regalos seleccionados con precisión quirúrgica y hasta un libro para halagar el ego del anfitrión. Nada fue improvisado.
President Donald J. Trump meets with Colombian President Gustavo Petro at the White House. pic.twitter.com/1v05LZ4AP1
— The White House (@WhiteHouse) February 3, 2026
La estrategia arrancó antes de que Petro cruzara la puerta. El embajador Daniel García-Peña, junto al ministro de Defensa, organizó una presentación visual pensada para impactar. Mandaron a imprimir imágenes de gran tamaño de cultivadores de coca y diseñaron portadas con una frase dirigida al corazón del discurso republicano: “Colombia first in the fight against terrorism”. El mensaje no era casual. Era un guiño directo a la narrativa de seguridad que Trump prioriza.
Ese mismo martes, además, Colombia aceleró la extradición de alias “Pipe Tuluá” y retomó con mayor intensidad los vuelos de repatriados, el primer gran foco de conflicto entre ambos gobiernos un año atrás.
La segunda parte de la escena fue todavía más llamativa. Café, chocolate, artesanías, una figura de jaguar y una pieza precolombina de oro macizo valuada en cientos de millones de pesos formaron parte de una “ancheta” diplomática que no solo recibió Trump. También Marco Rubio, J.D. Vance y el senador Bernie Moreno.
Pero el detalle más elocuente fue otro: García-Peña llevó un ejemplar de Trump: The Art of the Deal para que el presidente estadounidense lo firmara. Trump escribió: “you are great”. Petro publicó la foto y dijo que no entendía bien el inglés. El gesto decía más que cualquier discurso.
Meses atrás, Petro había acusado públicamente a Trump de estar “del lado de la muerte” y de tener posturas nazis. Trump, por su parte, lo había calificado como un “enfermo” que lideraba “fábricas de drogas”.
A la salida del encuentro, la comitiva colombiana posaba sonriente con souvenirs de la Casa Blanca: gorras rojas con la consigna Make America Great Again, firmadas. La postal contrastaba brutalmente con el Petro que meses antes, megáfono en mano en Nueva York, pedía a soldados estadounidenses desobedecer a su comandante en jefe por Gaza.
Aunque públicamente se habló de narcotráfico, Venezuela y Ecuador, el clima real estaba atravesado por algo más delicado: la descertificación de Colombia en la lucha antidrogas, la inclusión de Petro y su entorno en la llamada Lista Clinton y la desconfianza acumulada en Washington. Petro reconoció luego que no habló directamente de su situación en esa lista. Trump, según él, dijo que no le gustan las sanciones. “Eso es un problema del futuro”, comentó el colombiano.
La escena completa muestra a un Petro muy distinto al de los discursos incendiarios ante la ONU. Más medido, más diplomático y, sobre todo, dispuesto a seducir políticamente al mismo líder al que atacó durante meses. Más que un giro ideológico, fue un movimiento pragmático en el tramo final de su mandato: bajar la tensión, recomponer puentes y mostrarse funcional a los intereses de Estados Unidos.
Lo que ocurrió en el Salón Oval no fue solo una reunión bilateral. Fue una puesta en escena de reconciliación calculada, donde los símbolos, los regalos y las fotos dijeron tanto como las palabras.







Sigue todas las noticias de NOVA Colombia en Google News















