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No da para más

El 10 de enero en Venezuela: la confirmación del desplome del Gobierno de Maduro

Hoy la inflación superó el 13.000 por ciento, lo que ha generado un panorama de desolación, pobreza y corrupción.

Este 10 de enero, cuando Nicolás Maduro se juramente como Presidente, tras el desconocimiento del Grupo de Lima y la Unión Europea a su Gobierno, el mundo presenciará el desplome de la revolución.

A pocos días de este hecho, los ciudadanos siguen siendo protagonistas de las largas filas para recibir asistencia pública y de manifestaciones en contra del Jefe de Estado, que se niega de manera sistemática aceptar que en su país existe una crisis social y económica, que llegó a un pronóstico reservado y está en una fase de “metástasis” que tiene en un precipicio a la institucionalidad.

Venezuela es uno de los países más ricos del mundo: tiene las reservas de petróleo más grandes. Sin embargo, es impactante  escuchar en las distintas ciudades y Estados del país, que la gente se muere  de hambre.

En lo que van corrido del año 2019,  las familias han enterrado a más a más de 1.000 d bebés por falta de asistencia médica y comida. Además, niños pequeños entre 7 y 11 años han abandonado su hogar y se han unido a pandillas callejeras. Su único propósito sobrevivir y conseguir comida.

 “Las cosas están empeorando en Venezuela y la gente ha perdido la esperanza. Miles escapan a los países vecinos a diario. Sobre todo a Colombia”, dice Jorge Alberto Castrillón, un ciudadano que se encontraba en las calles del estado Táchira, tratando de encontrar comida en bolsas de basura.

Las fronteras de Colombia y Brasil aparecieron c tiendas de campaña. Una especie de ciudades  repletas de viajeros exhaustos que huyen del país que tiene las mayores reservas de petróleo, pero donde no se puede comprar una bolsa de leche, un pedazo de carne y tampoco medicinas para toda clase de enfermedades.

La hiperinflación de la economía ha motivado la huida de los venezolanos. Hoy la inflación superó el 13.000 por ciento, lo que ha generado un panorama de desolación, pobreza y corrupción. 

Los ciudadanos que aún tienen dinero o riqueza la ocultan para que no sea confiscada por el Gobierno, al tiempo que quienes ganan el salario mínimo en el país dedican la mayor parte de su ingreso mensual a comprar la canasta básica y, aun así, batallan para poner comida en la mesa como sucedió el pasado 31 de diciembre, que fue despedido el 2018, en el más absoluto silencio.

Los venezolanos están presos en su propio país. Su única esperanza es que el Gobierno de Maduro se caiga, fruto de la presión internacional. Retorne la democracia, en un proceso –que advierten los ciudadanos- será arduo y difícil- porque el país, retrocedió más de 50 años en su desarrollo y se perdieron más de tres generaciones.

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